Instrucciones para exacerbar la imagen

25 09 2009

metaphor

As far as the laws of mathematics refer to reality, they are not certain; and as far as they are certain, they do not refer to reality.
-Einstein

Con toda razón las ventanas sensoriales con las que contamos (ojos, oído, tacto…) suelen interpretar imágenes y estímulos, que al ser percibidas como un todo (no contamos con más ni mejores ventanas), suponemos que existen tal cual se presentan, independiente a dichas ventanas. Les creemos todo. Punto.

¿Y qué si hubiera un sexto o séptimo sentido? ¿Y si sólo contáramos con un par de ellos? ¿Cambiaría la realidad, o tan sólo nuestra percepción de ella?
Esto presenta un problema estructural en la conducción del ser porque condiciona su credibilidad a la percepción, cuando se trata de algo completamente accesorio que hemos vuelto imprescindible: la imagen, el reconocimiento, la moda.
Por ejemplo, pensar y conducirse bajo la creencia de que el mundo es a color cuando se ha probado que haces de luz incidente impactan una superficie que los refleja y son registrados por células diferenciadas (conos y bastones) que interpretan eventos electromagnéticos como color, ilustran (no necesariamente colorean) lo engañados que podemos estar. Los perros, por ejemplo, al no contar con estas células, codifican el mundo en tonos de grises.

La historia muestra cómo es fácil vivir bajo el engaño de la percepción y supeditar los esfuerzos y motivaciones vitales a dicha condición ilusoria con un bono: el de fragmentar dicha óptica bajo el estigma del “me gusta” y el “no me gusta” como varita mágica de vida, con los argumentos menos sólidos más estúpidos, pero más celosamente cultivados.

Dedicar un instante a la imagen representa ser eslabón de una de las ataduras más profundas, confusas y complejas que se pueden padecer. Por decir algo, una persona que tiene serios desequilibrios mentales otorga total crédito a sus alucinaciones. Les habla, los insulta, los acaricia, les llora. Y todos a su alrededor se burlan y lo tildan de loco (algo que cuerdamente figura hoy como piropo).

No es que los eventos que registramos no existan. Lo hacen, pero de modo no convencional: dependen del acuerdo, de la imputación mental y conceptual que hacemos. Por ejemplo, las fronteras geográficas. La frontera entre Estados Unidos y México, por problemática, recurrida, bloqueada y burlada, es un acuerdo, una designación conceptual que se hizo en un momento dado, y que no existía desde la pangea, al inicio de los tiempos del planeta, hasta estos momentos. Y sin embargo, el acuerdo existe y con ello dicha frontera.

Pero la superimposición conceptual no conoce límite porque esa es la forma de relacionarte con todo, y suele ser tomada bastante en serio. De este modo estamos rodeados por elementos que no son otra cosa, más que designaciones conceptuales y suelen ser objeto de interpretación como absolutos. Va el reto: puedes voltear a ver lo que te circunda en este momento y darte cuenta que lo que sea que es, no existe como realidad absoluta, sino como realidad conceptualmente designada, porque esa “pared”, ese “color”, o esa “ventana” que mencionas, pasó por el filtro de la proyección e imputación mental.

A esto te lo sueles tomar demasiado en serio, incluso al grado de pensar que es dador de valor y bienestar, o a la inversa. Y con esto, el parque de diversiones llamado problemas en cadena. Y todo por esa imagen que le diste crédito…

Un buen ejemplo de esto es una sala de proyección. Imagina que estás en la primera fila donde un proyector emite luz y lanza a la pared blanca una imagen de un campo florido y tranquilo. La siguiente lámina que proyecta es la de una tormenta eléctrica descomunal. Y la siguiente, la de un desierto abrumadoramente caluroso.

Nadie brinca autómatamente hacia la lámina del campo para querer internarse en ella (a lo mucho viene un recuerdo peregrino o anhelo fugaz). Menos aún salen de la sala en grupo con la tormenta o el desierto. Pero si en cada una de estas láminas, el proyector mismo creyera que su propia proyección existe independientemente a su acto de proyectar, y la imagen proyectada no es reflejo de lo que emite en una pared blanca, entonces habría problemas, y serios. Los mismos que solemos tener.

La mente es un proyector y constantemente imputa y designa conceptos de los cuales creemos que se da la dicotomía “agradable” o “desagradable”, y con ello sobreviene el aferramiento o el rechazo del evento, como si se tratara de una identidad absolutamente verdadera, mientras que se trata -tan sólo- de la pared blanca en la cual se refleja una imagen del proyector (mental). Imagen que es dignificada, honrada y servida sin un instante de discernimiento entre lo que se imputa mentalmente y lo que se pasa sin filtro alguno y parece ser claramente real.

Es el principio de la omisión más grande: acerca de cómo existe todo aquello (hasta ahora) conocido como realidad, e ignorado por rendirle pleitesía a la imagen.





Instrucciones para secuestrar lo secuestrable

11 09 2009

Mucha gente muere antes que activar el pensamiento. De hecho, así pasa.

-Bertrand Russell

Cuando la ficción se vuelve rehén de la realidad, es momento para pensar, que si se toma demasiado en serio, probable es, que uno figure como esquizofrénico, por decir lo menos.

Crisis Económica (resfriado -nada más- decían…), AH1N1 (Elba Esther: puedes detener aquí tu lectura), aumento de impuestos, sequía e inundaciones (por absurdo que se lea), Juanito, crisis petrolera, creciente desigualdad social, _________________ (anexa tus versiones de modo resumido, pero contundente). Dicen que somos como cucarachas: nos adaptamos a lo que sea.

Por kafkiano que sea el miedo ambiente (sic), la sorpresa ni amedrenta, ni educa. La realidad figura como espejo de relaciones humanas y su violento e inexplicable comportamiento gira en torno del contexto y de sí misma. Es copia fiel de su indolencia hacia el cuidado del agua, del maltrato a los animales y de una mala actitud progresiva, hacia prácticamente cualquier cosa, por citar ejemplos espontáneos.

Más que sorprender o apanicar, el sospechosismo fue el denominador como reacción de una aeronave secuestrada el miércoles, en el DF.

Esta acción -la del secuestro en sí- representa ventaja y dolo sobre del objeto atacado. Se trata de una de las incongruencias humanas más estúpidas para conseguir en fasttrack el rescate: sea dinero, especie, o simplemente atención.

Es en un secuestro donde se toma lo no dado con violencia y amenaza, la más fácil ruta a conseguir lo que de otro modo llevaría esfuerzo de por medio.

Pero, ¿cuántas veces has secuestrado una decisión, una palabra o una emoción? Parece absurdo, pero en el fondo, el acto es el mismo. La violencia que llega al extremo de parecer circense ficción o cortina de humo tapa-impuestos, es causa y efecto de la hilera de mentiras, malhumores y complots cotidianos que democrática y libremente optamos por ejercer.

¿Por qué cuesta ese trabajo suponer que una acción no es algo, y que ese “algo” engendrará una multiplicidad de “algos”? ¿Qué puede hacerle pensar a alguien que no es resultado de sus acciones y que éstas serán generadoras de un resultado próximo acorde con la naturaleza de su acción? ¿Qué tan alienado estará quien perpetua un comportamiento arisco, necio y medieval con su entorno, y se pregunta por qué le ocurren majaderías por situaciones?

Si los actos son algo, producirán algo. Se trata de ejercer el derecho de la remembranza de la repercusión. En tiempo real. ¡En 3.0!

Pero es tan instintivo y sanador culpar en automático a otro, que se convierte en eso: instintivo y habitual. Compulsivo (compuesto).

Un nuevo impuesto (impulsivo), un nuevo secuestrador, una nueva amenaza, son directa o indirectamente resultados de lo que se ha hecho u omitido en conjunto (y no basta con señalar al horizonte: “¡ellos!”).

El miedo, la costumbre y la indolencia hacen que la burla y el engaño de los gobernantes sea proporcional al que uno tolera hacia sí mismo y su conformismo estático.

Desperdiciar el tiempo –por ende- es secuestrarlo. Desconocer para qué se trabaja, para qué se levanta uno por la mañana, para qué lee estas letras, es secuestrar el principio más trascendente que uno pueda portar.

Pero uno tolera y accede a juegos de víctima/victimario y con ello encarga al azar la evolución propia, con lo que se reiteran frenéticamente los patrones que lo vinculan con la cara más oscura de sí: la impavidez de la ingenuidad.

Es tanto como si uno mismo se golpeara, se amenazara, se tehuacanizara, se humillara, se amordazara, se extorsionara, se escupiera, se rogara, se retorciera, se ignorara, se pateara el trasero, se acorralara y por fin, se abandonara.

Pero mientras haya viernes por la tarde; partidos de la Selección; reven con quien sea; moda a perseguir en música, ropa y neurona; series de televisión; cafecito con los cuates; aviones tomados por emisarios de un temblor y hasta injustos impuestos, dará exacta y precisamente lo mismo cuestionar este instante, siempre y cuando se sobreviva a tal secuestro.

La pregunta: ¿y para qué?

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Instrucciones para auditar una vida

21 08 2009

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Si el prejuicio ufano fuera un deporte olímpico, lo habríamos hecho vernáculo para embarrarle chantilly, embriagarnos hasta el delirium diabetes.

¿Qué tiene el ser humano que es tan chismoso?

“¿Qué te importa?”, podría ser una respuesta congruente.

Pero, ya, del modo más incongruente y honesto, ¿Por qué importa tanto a la persona la dádiva social y la aceptación de heces (sic) y costumbres?

Esto hace (no heces) parecer que nuestra vida es tan hueca que tenemos que recurrir a ejércitos de estímulos externos que condicionan y satisfacen el morbo con la pericia y condición de retransmitirlo exageradamente a quien más cerca tengas. Un ejemplo de este recurso son las escandalosas revistas y pasquines que dan detalle del divorcio de moda, el escándalo de los famosos y las fotos que lo comprueban (porque hay que citar fuentes y apelar al más sistemático rigor documental).

El escarnio es un involuntario imán que hace que meticulosamente te revuelques en esta insaciable indulgencia y hojees rápido (y de buen modo) la TVNotas en el súper, cuando dijiste que ibas por papel del baño (flemática coincidencia).

Ninel, Fabiruchis, El Príncipe, Súper Alex Guzmán, la Chupitos… Por si no fueran un estallido social en sí mismos, ahora nos los recetan en poderosas páginas bellamente ilustradas a todo (y recalcitrante) color para que el niño, la niña se distraigan ventilando el garfio de la idiotez y el macanazo mental que se pone al idilio sobreprotector de una mente que no tiene idea qué hacer consigo misma.

Los chismes son atractivos mientras no se enfoquen en uno, ¡claro! Pero, ¿por qué la ocupación de preparar y condimentar esta comidilla, y por qué la preocupación por verse librados de ella ante los demás?

Parece una peste o especie de AH1N1 (no me canso de repetir este nombre) de la cual huimos aterrados, pero al mismo tiempo, cimentamos y aderezamos a la menor provocación. Construimos los eventos que en un rato nos golpearán el trasero de un modo ejemplar (pero sin aprender el punto).

“Preocúpate cuando no hablen de ti” es tan insano como “Si el río suena es que agua lleva”. Somos tan absurdos e infantiles que lo único que tienen en común, tanto la generación del chisme como la preocupación del impacto en uno, es la autodestrucción que conllevan. Y no sólo no somos capaces de entender esto. Nos regodeamos en el ejercicio fútil.

Igual hablarán de uno, y no precisamente por ser especiales, floridos o acidulados. ¿Como para qué rendir pleitesía al hecho y anidar problemas con un ejercicio abiertamente ocioso y tóxico? ¿Es muy difícil reparar en el efecto de las causas? ¿Podemos con tanto allanamiento del ejercicio más burdo en detrimento propio?

¿Será que muy poco es lo que tenemos que decir de uno mismo?

¿Será que es más fácil auditar la vida ajena que la propia?





Preguntas del examen mexicano.

1 08 2009

Cuestionario para el 2010.

¿Cuál es la necesidad de vivir en esta sociedad? / ¿Donde queda la bondad de la gente? / ¿Porqué un sistema político corrupto desde su creación? / ¿Porqué más pobreza? / ¿Porqué Deuda? / ¿Porque un sistema de justicia obsoleto? / ¿Porqué sindicatos voraces? / ¿Porqué tanta violencia e impunidad? / ¿Porqué Crisis? / ¿Porqué influenza H1N1? / ¿Para qué medios de comunicación todopoderosos? / ¿Porque ignorancia? / ¿Porqué padecer la violencia que genera Estados Unidos? / ¿Porque intolerancia y racismo? / ¿Porqué fascismo y populismo? / ¿Porqué corrupción? / ¿Porqué menospreciarnos? / ¿Porqué no unirnos? / ¿Porque no cambiar la situación de este país? / ¿Porqué no ayudar y compartir a nuestro alrededor? / ¿Porqué cambiar de raíz este sistema esclavista y obsoleto para hacer algo actual? / ¿Porqué no decirles a los políticos que no los necesitamos? / ¿Y comentarles que tenemos excelentes científicos, profesionales, doctores, sociólogos, filósofos, que pueden establecer una nueva sociedad? / ¿Qué acaso no somos nosotros los que debemos iniciar este cambio de actitud? / ¿Será que México nunca obtendrá lo que se merece como pueblo?

La revolución es intelectual y de corazón. Y es ahora.





Instrucciones para odiar lo que sea

17 07 2009

Instrucciones para odiar lo que sea

 

No es tan difícil si lo piensas.

Dado que sobran cosas inútiles en esta vida (las corbatas, el dedo meñique del pie, las monedas de 10 centavos, las envolturas de regalo, la luz ámbar de los semáforos… en breve habrán unas instrucciones para volver útiles las cosas inútiles), es por demás un elogio al libre arbitrio gruñir y despotricar en contra de quien resulte irresponsable.

Odiar algo pareciera natural. Es más, con un atisbo de perspicacia odiaríamos –como Gárgamel- no sólo a los Pitufos, sino también el mismo proceso de odiar.

La aversión significa un intrincado –pero automático- proceso de selección. Sin embargo pocas veces reparamos en el origen de este filtraje porque lo importante es el objeto del odio: linchar a Javier Aguirre y a cada uno de sus pupilos o incendiar la pata de la cama que planificó y perpetró con ejemplar destreza el golpe nocturno al dedo del pie.

Si en realidad la vida se redujera a odiar o amar tendríamos como seres una simplicidad compleja.

Y es que el simplismo es una moda que difícilmente pasa de moda. Tomar por asalto el dedo índice y calificar al mundo como un acto dado o heredado de modo automático es algo irreparable (en todos los sentidos posibles) e inútil en sí mismo. Si erigiendo tu sentencia de los objetos de la realidad desaparecieran con ella, odiar sería completamente erudito.

Aprecio la gentileza que provoca la ilusión del albedrío. Pero no deja de ser un señuelo. La serie de comportamientos, pensamientos y acciones llevadas a cabo sin chistar como resultado de la habituación, y por ende de procesos que ya ni siquiera cuestionamos, debería representar una alarma más fuerte que la que generó (y generará) el AH1N1.

Y cualquier momento es bueno para lanzarte a la plaza de tu elección y odiar al AH1N1. Odiar la gestión de la desmesura. Odiar la falta de ortografía y los clichés enviciados. Odiar a la policía y a los políticos. Odiar el zipper del pantalón y los broches del brassiere. Odiar los lunes y tal vez los martes. Odiar la indiferencia. Odiar (aún) el timbre del fin del recreo. Odiar el cinismo y la falta de sentido de otredad. Odiar el mal gusto y la carencia de elegancia. Odiar la autodestrucción. Odiar los libros subrayados. Odiar la grosería y el camino burdo. Odiar el ocio. Odiar la inconsciencia. Odiar el hígado y paradójicamente odiar la tauromaquia. Odiar la alarma para despertarte. Odiar la falta de sensibilidad frente al respeto  ambiental, al trato a los animales, como a los derechos indispensables (deja tú individuales) de las personas. Odiar los zapatos con pants. Odiar a Maná. Odiar a tu archienemigo. Odiar la injusticia. Odiar ir al dentista. Odiar la incongruencia y odiar la insensibilidad… Odiar. Cualquiera puede odiar. Cualquiera odia.

De algún precámbrico modo estamos socializados a que al menor estímulo nos erijamos en magistrados y potentados árbitros de situaciones, personas y todo cuanto nos rodea.

La flamante sentencia: “Me gusta” o “No me gusta” en sus multivariadas modalidades (incluyendo aquellas diplomáticas o diligentemente refinadas) hacen del instrumento de la conciencia, uno que obra en contra de su naturaleza. Y aquí está el pequeño detalle con odiar.

Si la naturaleza del fuego es el calor y la del agua es humedad, la de la mente es conocer por medio de su claridad y su oportunidad de aprehender.

Pero en el más aguafiesta del plan, el proceso cognoscitivo se ve empañado por una especie de voz en off que se adhiere como rémora asquerosa (impensable separar asquerosa de rémora) y dictamina –enjuicia- cuanto evento mental se presenta frente a la esfera sensorial particular. Esta discursividad es norma y no excepción en el proceso vital. Pareciera “normal”. No por ello habremos de rendirle pleitesía o mantener incendiaria inacción.

Si etiquetar a rajatabla parece divertido y hasta podemos convertirla en profesión peligro, genera –por medio del poder de la habituación- una seria intimación con los procesos que facultan la cotidiana descripción del mundo. De este modo, con concebir el veneno te envenenas.

Percepción es realidad.

¿Y  no cabría entonces pensar que autoestima es el estado inversamente proporcional al ejercicio de calificar (y odiar) intempestivamente el mundo?

(Es pregunta)





Nstrxns pa´ scrbr chdo!

10 07 2009

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Pa q chks ste txt tndrs q pnsr cmo n we q c komunik kon su bnda p’sda. Así d psdo llga a cr entndr sto.

Se trata del tiempo. El preciado tiempo que no da para escribir con las reglas elementales que por supuesto ni siquiera se concen al 25%. Tiempo que arrebatar al iPod, a YouTube, al chat o a Hi5. Por eso, y para destacar lo suelto, divertido y exótico que se danza en esta pasarela, es que las preferencias heterográficas repican por encima de la pasada de moda gramática.

Y no hay asombro de por medio. Si el medio de cultivo ofrece banalidad, comida chatarra, saturación sensorial constante y medios sumamente simples de sobornar la inmediatez, ¿Qué nos haría pensar que el lenguaje -carta de presentación de la mente- no se viera vilipendiado?

Siempre he visto a la comunicación como un puente. Una plataforma que une con diversos medios y cimientos dos puntos equidistantes. Con el advenimiento tecnológico y la cultura del desgano, el chat, la conversación frívola y hasta idiota se han apoderado de una bandera generacional que muestra el desdén no sólo en su escritura, sino que hablar con ellos es como prender la tele (y en el nueve).

Con el celular -que ha pasado de ser un aparato para recibir y hacer llamadas a una indispensable sombra- viene la prestidigitación de teclas para armar un mensaje con el menor número de tecladazos y la oportunidad de decir más con menos, del modo más rpdo posible y spr kool.

Los textos que se envían de cel a cel, constituyen una ? para entender el fenómeno de la comunicación fría y de inmediatez de la cual muchos foráneos de la sensibilidad son presas simples.

Cuando lo kool era traer un tabique en la cintura, el cual desplegaba un texto que había sido dictado a una operadora telefónica, empezó un frenesí que difícilmente parará. El celular será objeto de devoción por donde se le vea: se personaliza, se tunea y hasta se le abraza.

Mandar un mensaje por beeper era interesante: tenías que marcar un teléfono donde una atosigada señorita se chutaba todas las historias al minuto (he ahí la prehistoria Twitteriana) de personas que ni pretendía conocer, pero aparentando singular interés.

Estar “conectado” literalmente es estar IN, sin importar si eres un chofer de camión de basura, un niño de kínder o una abuela desalmada.

A tal grado el celular se ha apoderado de nuestro espacio, que está penalizado manejar mientras uno conduce un vehículo, haciendo el símil de contar con la misma atención que un borracho. (Ahora es cuando contabilizo los borrachos que conozco que encima van hablando por celular) Se estima que cerca de 73% de los usuarios ignoran esta norma y si tienen necesidad, suena el teléfono o no hay poli cerca, le dan rienda al manos cautivas.

El primer SMS (Short Message System) se envió en 1992. Al día de hoy, salen de China 845 millones de textos por día. Más de un 70% de usuarios de teléfonos celulares mandan msjits. Esta práctica por sí sola representa una ganancia del 20% de las utilidades de las operadoras telefónicas. Un 94% de los jóvenes de 18 a 24 años mandan mensajes SMS. De éstos, un 34% manda arriba de 36 mensajes por semana. 14% de la población manda mensajes con propósitos de negocio. La hora pico de actividad en mensajes de texto es entre las 10:30 y las 11:00 pm. En México hubo 75 millones de mensajes de texto diarios en el 2007.

El pulgar parece moverse en fast fwd utilizando iTap o T9, un sistema predictivo que pocos adultos comprenden o valoran, a la hora de lanzar la cita para el prty.

Estas comunicaciones suelen ser ligeras o casuales -K nda komo tas??? Io aKi kaNsaDon, pro chdo!!!- pero escribir y recibir txts es una forma de estar ligados y conectados, así sea ligeramente. Ya no importa la calidad, sino el hecho de estar IN.

Modismos y neologismos se visten con reglas de cualquier naturaleza: t vs ftl!!. EL MENSAJE CON MAYÚSCULAS significa que le estás PONIENDO UNA GRITONIZA singular. Y si combinas mayúsculas con minúsculas, súper original, especialmente en el Messenger.

El uso kañón de la K, letra en franco desuso, vuelve la comunicación rebelde y con karakter. Mientras tanto, los depositarios emocionales de lo que no se pudo transmitir por medio del texto son caritas escritas con caracteres como : ), conocidos como emoticones.

La edición del teléfono de Mamá (“ayyyy: ¡rosita!”), de RBD, el que traiga cámara de 4 MPixeles, la oleada de microchangarros que venden la fundita, la fundota y el calcetín decorativo (para el niño-para la niña) sin mencionar las cruzadas para conseguir el ringtone de los Transformers, El Padrino, o “Tamales calientitos” hacen del aparato un juguete, un símbolo y un compañero de textura aún por descifrar.

Desafiar la naturaleza del arte comunicativo nunca estuvo más a la mano: ¡en nuestras propias células!

Nmás x no djar.

Tu q uso l das al cel?

Ns vmos!





Instrucciones para trazar dos líneas en una boleta

2 07 2009

Por más de una razón es factible comparar a un diputado con una partícula subatómica.

Si bien existen y forman parte de la estructura, de no ser tiempos electorales o estar en el centro de un escándalo mediatizado simplemente no figuran en la geometría próxima.

Sin embargo, bajo este mismo ejemplo se apunta la importancia y determinación del papel que tienen en la confección nacional.

Si se vota o se anula, es neurosis personal con implicaciones en el mismo sentido además del social. Pero la orientación, esto es, la imantación de la aguja en la brújula tiene que obrar como elemento decisor de inmediato y largo plazo en este ejercicio.

Basta observar y ponderar los logros democráticos y de representación legítima que has tenido mediante los ejercicios de tu voto en el pasado y proyectarlos en una línea de tendencia acorde con el momento político y social.

No hay indiferencia que nos aleje de una piedra.

Por lustros hemos tolerado magnitudes y creatividad del cinismo aplicado al engaño. En reiteradas ocasiones hemos tenido un atisbo de credulidad que mutó en ingenuidad.

Hay suficientes razones por las cuales no creer en las mismas gastadas y oportunistas fórmulas que en realidad nada tienen que ofrecer a un pueblo harto de trampas y corrupción.

La forma implacable de mostrar este estado de ánimo, es acudir al origen de la relación y ejercitar el derecho a hacer lo que se deduzca conducente. Ese origen de la relación Partido – Pueblo es uno de interlocución entre la sociedad y el gobierno. Aparentemente, los partidos políticos emergen como un puente necesario entre éstos dos, para mediar, regular y articular todo tipo de detalles en la administración pública y el pacto social.

En la medida en la que uno tenga elementos para cuestionar esto último, habrá elementos para saber si los dos trazos en la boleta sirven, para qué y con qué consecuencias.





Cimática

10 06 2009





Zeitgeist Addendum

9 06 2009

El otro lado de la moneda.





Instrucciones para tomar una foto

2 06 2009

chance-meeting+duane+michals

Si contamos los segundos del día, no sólo podremos atestiguar el paso del tiempo por nosotros mismos, sino que cabrá la complejidad de definir la fotografía como el simple hecho de robarle un instante a la realidad.

 

La fascinación de la fotografía radica precisamente en la reificación del momento en franca afrenta a la ley natural de la impermanencia. Uno observa por la mirilla. Apunta cuidadosamente y trata de blindar su respiración mediante un Diazepán mental. Entonces, en el preciso instante hace “click”. Y sale corriendo con la evidencia dentro de la cámara.

 

Tener una foto de la familia en el escritorio sugiere perpetrar un vínculo. La mediación del mensaje la da el impacto y el puente significativo constituye el sustento de esa imagen como contenido de plataforma para sonreír o, ya de menos, enviar un signo protocolario.

 

El espejo que presenta la fotografía como herramienta de exploración de la realidad, pone de manifiesto el interés y curiosidad por investigarnos y respondernos preguntas tan añejas y complejas, como deducir la forma de la leche cuando una canica cae sobre ella, la arquitectura los párpados y por supuesto el dibujo magnético que sólo las nubes pueden obsequiar.

 

Y es que el principio de la fotografía subyace en la sabia administración del tiempo y el espacio, como los grandes placeres, las verdades más evidentes, y los momentos en los que parece “haber caído un veinte”. Veinte veintes.

 

En particular el tiempo viste un doble vínculo con un documento visual. Por un lado conforma uno de los núcleos constitutivos para la génesis de la foto: sea con una cámara manual o automática, instamatic o réflex, la imagen es captada gracias a un diafragma y a un obturador. Este último, balancea la luz que penetra en la cámara con base en la regulación de fragmentos de segundo de luz que impregnarán material fotosensible.

 

Por otro lado, el momento preciso en que (paradójicamente) se dispara, se hace alarde de la habilidad para captar la fugacidad de la realidad y ser mostrada en una pieza bidimensional que congela una escena.

 

¡Aquí está la fascinación! No por nada los periodistas reconocen que son las fotografías las primeras en arrancar miradas en una plana. Es por eso que a lo largo de los últimos años podrás ver en periódicos y revistas, fotos mucho más destacadas y coloridas que antes. Se trata de presentar al exiguo lector, anzuelos como ventanas de lo acontecido, que faculten una experiencia geométrica y que puedan imprimir e impregnar momentos de presencia experiencial.

 

De este modo se puede hacer una comparación de la fotografía con el flujo de la conciencia. Si por un momento se piensa la escena a fotografiar como el tránsito vital, la fotografía será el fruto del refinamiento de la atención para saber hacer “click” en el momento decisivo, como lo refería Cartier Bresson.

 

Darte cuenta que te das cuenta es una evidente oportunidad que otorga hacer “click”.

 

La fotografía es la posibilidad y prueba metafórica de que la mente puede voltearse a ver a sí misma. Este punto de partida permite que el acto mecánico que supone obturar, deje de serlo para tener una iniciativa coherente y consistente (sobre todo consciente). Después de todo, si una cámara pudiera tomarse una foto a sí misma y analizarla, no precisaría mucho empeño para obtener conclusiones que le hicieran aprender de sí. Por lo menos darse cuenta que tiene claridad para tomar fotos.

 

El arte de saber encuadrar, al mismo tiempo sugiere una estricta y rápida ponderación –sí: manipulación- y selección de aquello que se va a registrar y lo que no. Dicha discriminación es lo que construye el mensaje que guarda una fotografía tras su grano o pixel. De ahí la importancia de la propuesta: detenerte a pensar la foto antes de oprimir el botón.

 

El gusto por la foto nace del ingenio que se gesta en la producción de la misma, hasta el destino que se le dará. La investigación de cómo mejorar el mensaje gráfico, pensar en la posible mejora de la calidad de dicho mensaje y saber que –como cualquier lenguaje- la foto cuenta con signos para preparar, vestir, refrendar y ponderar un mensaje visual. Así se trate del cumpleaños de la tía peleonera. Incluso en una fotografía de registro se puede aplicar el proceso de la conciencia y de la elegancia en el diario transitar y el porte de congelar la eternidad en un instante.

 

Una foto, pues, es un recuerdo, un bookmark temporal que refiere el interés genuino por conservar dicho instante.

 

Y de pronto -y con la sofisticación de los celulares- todos nos volvimos fotógrafos.

 

Si en esa misma línea nos  hiciéramos presentes del instante (de este mismo en que lees esta palabra), ese cuadro, por sí mismo, merecería una fotografía.

 

¿Y si le tomaras una foto a tu conciencia?

 

¿Y si ella te tomara una a ti?